
Por: Vanina Oneto
Pocas cosas lastiman tanto como romper una amistad de muchos años. Estos últimos días han sido muy tristes. Dos de mis mejores amigos me abandonaron. Sin decir demasiado, tomaron a los dos amigos de otra amiga y se marcharon. Al menos ellos tuvieron la delicadeza de dejarle una pequeña notita, en nombre de los cuatro:
“ No damos mas, estamos cansados de tanto maltrato y del abuso diario que sufrimos. Jamás nace de ustedes una palabra de apoyo, de agradecimiento, y menos, una caricia cuando saben que no podemos más. Son tan egoístas, y quieren abarcar tanto que nos miran desde arriba con esa superioridad característica de sus personas. Necesitamos tiempo para pensar, para recapacitar un poco, pero más que nada para decidir si volvemos o no. Mientras tanto creemos necesario que se den cuenta cuanto valemos. Sabemos que nos van a extrañar y necesitar, pero deben aprender a reconocer nuestro valor y no solamente recordar que existimos cuando ya no estamos cara a cara.”
Esa nota nos partió al medio. Con mi amiga sentimos pánico de lo que podía suceder si ellos no regresaban o si decidían hacer su propia vida lejos de nosotras. Pensamos seriamente en ir a buscarlos. Estábamos seguras que estarían tostándose en la arena caliente de la playa, pero la búsqueda fue en vano. No estaban allí y nadie los había visto. Mas tarde creímos oportuno ir al cyber café a ver si nos habían mandado algún mensaje, pero tampoco. El silencio era ensordecedor. Tampoco los encontramos anoche en la cena, y menos aun en la pileta, cuando fuimos por un refrigerante chapuzón. Cada lugar donde creíamos encontrarlos estaba vacío. Nuestros corazones empezaban a sentirlo y, nuestros cuerpos también.
El momento mas triste que tuvimos que vivir fue el llegar a la cancha. Hubiéramos apostado que los encontraríamos escondidos detrás de alguna grada o, mezclados entre el publico, esperando el momento para recomponer nuestra amistad. Pero no, tampoco estaban allí. Fue profundo el dolor que sentimos al darnos cuenta que ni siquiera les importaba como íbamos a jugar si nuestras mentes estaban en otro lado. No es casualidad que lo hayamos hecho tan mal.
Me pase la vida oyendo a la gente decir que uno puede contar sus amigos con los dedos de una sola mano. Imaginarme que dos de mis dedos se fracturaban era demasiado.
Imágenes de nuestra amistad se disparaban espontáneamente en nuestras mentes. Nos conocimos desde tan pequeños… toda una vida creciendo juntos, desde el jardín de infantes, hasta la facultad. Estudiando hasta cualquier hora, con la pava de mate como único testigo de esas frías madrugadas de invierno. Recuerdo cuando sufriste a la par nuestra el ultimo test de 3000 mts. ¿Qué otro amigo podía estar ahí? Que ciegas que fuimos.
Son demasiadas las historias que tenemos en común para quedarnos de brazos cruzados. Debemos hacer lo imposible para salvar esta amistad tan enorme. Seguramente tengan razón en cuanto a la falta de cuidado y dedicación. La realidad es hay veces que cuesta decirle a tus seres queridos todo lo que uno los ama y respeta. En la gran mayoría de las ocasiones, uno da por sentado que son cosas que no se necesitan decir. Gran error ¡! Queremos que sepan que los amamos con toda nuestra alma y queremos que vuelvan lo antes posible.
Son seres extremadamente valiosos e indispensables para nuestra felicidad. Sépanlo, sin ustedes cuadriceps amigos, no somos nada.
Valencia 22/07/04


El flamante campeón sudamericano y recordman nacional de bala, confirmó su
Cuenta un veterano de la selección argentina que el día que supo de verdad quién era Alfio Basile llegó tarde a la charla técnica. Se jugaba la Copa América y el vestuario respiraba el aire de las ocasiones solemnes. El círculo de jugadores contenía el aliento y aguzaba el oído. Al pie de un esquema dibujado con tiza, el seleccionador remató su plan con la voz ronca que le caracteriza. Esa voz de tango barrida por el whisky, el tabaco y las horas de tertulia en el bodegón de la esquina de Las Heras y Ortiz de Ocampo.
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